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Bea Magro y Nuria Morales

La apasionante historia de cómo nació Komvida

La mayoría de las marcas que molan empezaron con dos hombres programando en un garaje de California. Komvida comenzó con dos mujeres en un desván de Extremadura.

+Vale, vale, pero… ¿cómo surgió todo? La idea, la marca, la fábrica, la fórmula…

-¡Te lo contamos todo todito en este post! Para ello, vamos a remontarnos al principio, unos años antes de que Komvida naciera.

El viaje

 

En aquel momento, digamos… 1 año y medio antes de fundar Komvida, Bea y Nuria, estaban viviendo en Madrid. Tenían un trabajo cómodo y una vida aparentemente feliz pero… faltaba ese «algo». Ya sabes, como cuando en realidad no te falta nada en la vida pero no te sientes lleno del todo. Merecía la pena arriesgarse y descubrir qué era ese «algo»… así que un día, Bea anunció a sus familiares y amigos que lo dejaba todo y que se iba a dar la vuelta al mundo SOLA para encontrar aquello que diera verdadero sentido a su vida. Vendió, regaló y donó todo lo que tenía (en serio, todo) salvo aquello que cupiera en una mochila de viaje. Y así, emprendió su viaje. Flipas, ¿eh? jajaja

Dicen por ahí que la mayoría de los grandes cambios de tu vida ocurren después de un viaje. Pues esta historia va de eso 😉 Te seguimos contando:

Casi por casualidad, en una de sus primeras paradas, concretamente en California, ocurrió algo que cambiaría su vida para siempre. ¡Sí! Descubrió la kombucha en un restaurante. Probablemente, se le quedó la misma cara que se te queda a ti cuando pruebas Komvida por primera vez. «¿Cómo no había probado esta maravilla antes?» . En su momento de revelación se le pasaron mil ideas por la cabeza: «qué bebida más fascinante», «lo tiene todo: es sanísisisima y está buena», «la puedes tomar en casa, en el trabajo, con amigos en un restaurante» y finalmente… «esto me lo tengo que llevar a España». (Porque piénsalo: hasta entonces, no existía ningún refresco verdaderamente sano y rico con el que poder disfrutar en cualquier momento del día). La gente estaba pidiendo algo así. La kombucha era la respuesta.

Volvamos al momento en el que Bea prueba la kombucha. «¡Tengo que contarle a Nuria lo que he descubierto y que nos lo tenemos que llevar a España!» Imagínate la reacción de Nuria… «¿Kombu-qué? ¿Montar una fábrica? ¿Estás hablando en serio?» Y tanto que hablaba en serio.

 

La tortilla que cambió sus vidas

 

Tras mucha insistencia, libros e investigaciones… Nuria empezó a enamorarse de aquella idea loca de hacer kombucha. «¡Vamos a montar nuestra fábrica!» Y así, inesperado (como todo en esta historia), Nuria dejó su trabajo en Madrid y se unió a Bea en una etapa del viaje, concretamente en Bolivia.

Había ganas, ilusión y nervios por ese nuevo proyecto que tenían entre manos pero… ¿funcionarían bien trabajando juntas? La realidad es que una tortilla de patatas les demostró que formarían el mejor tándem del mundo.

Resulta que de camino a Chile se quedaron sin pesos chilenos. En otras palabras, «sin un duro». No había ni bancos, ni cajeros ni nada y necesitaban cambio urgente. «¿QUÉ HACEMOS AHORA?». «Pues nada, apliquemos aquello de a donde fueres, haz lo que vieres y busquémonos la vida». Como vieron que se llevaba la venta ambulante… decidieron hacer una tortilla de patatas, cortarla en trocitos y venderla en la calle. Así, tal cual. 

Es posible que te sorprenda pero… fue un éxito INCREÍBLE y, aunque pueda parecer simple, esa tortilla les cambió las vidas. «¡Vayamos a por algo más grande porque está claro que formamos un buen equipo». 

Desde ese momento, Komvida se conviritó en aquel proyecto con el que estas dos jóvenes extremeñas pondrían su trabajo al servicio de los demás. A través de una kombucha hecha a base de ingredientes ecológicos y siguiendo la receta milenaria, pondrían su granito de arena para contribuir al bienestar de las personas. Un propósito que siempre llevarían por bandera.

 

Litros y litros por el desagüe en un desván

 

De vuelta a Fregenal de la Sierra (pueblo natal de ambas), Nuria comenzó a trabajar en la fórmula. Bea, siguió su viaje para crear la marca.

Un año después, tenían la fórmula y con los últimos 1500 € que les quedaban, alquilaron una pequeña fábrica en Fregenal. Pero… había algo que fallaba. La fórmula no era perfecta, había que seguir buscando.

Estaba claro que, si querían ser las mejores, tenían que aprender de la mejor. Por lo que, volvieron a California para reunirse con la gurú internacional de la kombucha, Hannah Crum.

Una vez mejoraron la fórmula, estaba todo dispuesto para gritarle al mundo: «hola, aquí tienes la primera Komvida«.

 

Hola, Komvida

 

 

Un equipo de 3, ferias y la reina Letizia

 

¡Imaginaos el comienzo en la fábrica! Eran un equipo de 3 para todo (Nuria, Bea y la madre de Bea). Producir, embotellar, etiquetar, hacer pedidos, marketing y contabilidad… Todo lo que te imagines que hay que hacer en una fábrica.

Y bueno, avanzaban muy poquito a poco, eso sí currando un montón: iban a todas las ferias de gastronomía que pudieras imaginar, viajaban a cientos de ciudades para mostrar su kombucha en herbolarios y tiendas… a veces con éxito y otras, pues… no tanto. Pero seguían fuertes y constantes.

Un buen día… por arte de magia (porque no sabían qué ocurría), los pedidos se triplicaron, tenían miles de llamadas y nuevos seguidores en Instagram. ¿Sabes qué ocurrió?

La prensa había filtrado que la Reina Letizia bebía Komvida. ¿Os imagináis la cara de Nuria y Bea al enterarse?

Desde ese punto de inflexión, siguieron trabajando, creando y mejorando. A día de hoy, la fábrica crece día a día y la familia de Komvida también. Eso sí, nunca han renunciado a los valores que un día las impulsaron a crear Komvida: una bebida hecha de manera artesanal y sostenible en un pueblecito al sur de Extremadura que nace con un único fin: contribuir al bienestar de las personas.

 

Gracias por estar ahí creciendo a nuestro lado.

 

Un abrazo desde Fregenal,

Equipo Komvida